Henri Matisse. Luxe, calme et volupté
El título procede de un verso de Baudelaire («La invitación al viaje»). Es, en el fondo, un informe del verano con Paul Signac en Saint-Tropez. El cuadro está pintado con puntos divisionistas — pero los puntos de Matisse son más grandes y más toscos que los de Signac, las figuras están simplificadas casi hasta el contorno, y la playa mediterránea se convierte en una idilia atemporal: bañistas, mantel extendido sobre la arena. Aquí ya se ve cómo Matisse adapta el método ajeno a su propia tarea — los puntos no le sirven para un truco óptico, sino para liberar el color de la obligación de describir la realidad. Al año siguiente abandonará la técnica puntillista, pero se llevará consigo la idea principal — «construir el espacio con color puro» — a Collioure. De ahí, unos meses después, nacerá el fauvismo.